Más de 120.000 personas meditaron y pidieron por la paz con el gurú feliz

10th of Sep 2012

 

 

Su nombre significa a la vez domingo y sol: "Ravi" podría ser la mejor síntesis de la jornada de ayer, en la que unas 120.000 personas meditaron al aire libre en la avenida Figueroa Alcorta y Dorrego, con la guía del maestro indio Gurudev Sri Sri Ravi Shankar, creador de la Fundación El Arte de Vivir.

 

El clima no podía haber sido más amable. Apenas hubo un poco de viento, suficiente como para revolver la melena del gurú de la felicidad durante su mensaje de paz y aportar más mística al encuentro.

 

Fueron sólo 20 minutos. Ése fue el tiempo neto que duró la meditación. El gurú subió al escenario pasadas las 15.30, levantó los brazos y recibió la ovación de sus fieles e incondicionales respiradores. Después, con mantras rítmicos de fondo, se aventuró a la pasarela de unos 100 metros de largo para saludar y tocar a la gente. Una vez de regreso en el escenario principal, al mejor estilo estrella de rock, saludó en castellano: "Hola, Argentina. Hola, todo el mundo. Estoy muy feliz".

 

A continuación, lanzó una serie de mensajes que el gurú repite por todo el mundo. Con la particularidad de que esta vez los mensajes llegaban en simultáneo a más de 300 ciudades, 100 países y unas 550.000 personas en todo el globo, como parte de la jornada El Planeta Medita, organizada por El Arte de Vivir. A los seguidores de Ravi Shankar no aparenta incomodarles la repetición del mensaje basado en la lucha contra el estrés y la violencia. Como los mantras, el mensaje parece adquirir más fuerza cuantas más veces se repite.

 

"Todos queremos una sociedad sin violencia y estrés. Todos queremos paz interior y prosperidad exterior. Pero la paz sólo es posible si hay prosperidad, y la prosperidad es posible si hay paz", dijo Shankar.

 

"Necesitamos paz interior y bienestar externo. ¿Y cómo puede ayudar la meditación? Mejora la depresión, quita la presión, encamina nuestros sentimientos. Con la meditación podemos crear una sociedad libre de violencia", proclamó el maestro, que habló en castellano hasta que descubrió su imposibilidad para pronunciar la palabra violencia.

 

Desperdigados en mantas y colchonetas por todo el parque, los seguidores de Ravi Shankar estaban en un nirvana con su gurú. Le prodigaban aplausos a cada frase, le festejan cada palabra y cuando lo pidió, guardaron un silencio impensado para tal multitud.

 

Pese a que el líder indio subió a escena pasadas las 15.30, desde antes del mediodía el parque ya estaba lleno de meditadores. La relación era de 5 a 1: cinco mujeres por cada hombre. Muchos grupos de amigas en calzas, bastantes familias, muchos hombres encargados de cargar colchonetas y equipos de mate de sus mujeres y pocos -poquísimos- hombres solos.

 

Algunos de los respiradores llegaron al amanecer para reservar lugares cerca del guruji. Sin embargo, pese a que los tempraneros intentaron preservar la exclusividad de su metro cuadrado desenrollando una amplia lona sobre el pasto, a medida que fue llegando más y más gente el espacio vital se convirtió en mínimo y móvil.

 

"Toma conciencia del aire que hay en el espacio libre sobre tu cabeza", diría pasadas las 16, el gurú de la felicidad, mientras guiaba a la meditación a una verdadera multitud. Todos sentados, de piernas cruzadas, con las manos hacia arriba, apoyadas sobre las rodillas.

 

Minutos antes, por instrucción precisa del gurú, todos habían sacudido las manos y el cuerpo para liberarse del estrés. "El perro cuando se ensucia sacude todo el cuerpo", dijo Ravi Shankar. Después, todos se sentaron, cerraron los ojos y se dispusieron a respirar. Al presentar al gurú, Beatriz Goyoaga, la referente local de El Arte de Vivir, no vaciló: "El nos va a dar las fórmulas para poder tener una vida feliz". Es decir que las expectativas eran altas, y la obediencia a las palabras del líder, completa.

 

Durante la meditación, el sonido les jugó una mala pasada a los organizadores. Las palabras del indio y de su traductora iban y venían. Sólo lograban distinguirse algunas frases sueltas como "respeta tu propio cuerpo", "hay una gran sonrisa", "como pez en el agua", "la mente se expande", "cualquier pensamiento, déjalo ir". Por momentos, daba la impresión de que hablaba en sánscrito, pero los respiradores ya estaban conectados. Elevados. Y sintieron que el tiempo se evaporaba.

 

Habían pasado 20 minutos y llegó el primer y largo "Om". La reverberación del tercer "Om" se acopló al sonido de un avión que surcó el cielo en ese instante. Todos respiraron, abrieron los ojos y aplaudieron.

 

"Cuando era niño, soñé con una familia global que hoy es realidad. Los amo a todos. Amor y paz", dijo a modo de deshibernación.

 

La fiesta de los respiradores siguió varias horas, con música, mantras y bailes, pero ya sin el maestro sobre el escenario. Antes de marcharse, el gurú volvió a la pasarela. La gente le tiraba su ropa. Sus colaboradores la atajaban y él, con un ademán, las "bendecía" y las devolvía a la multitud. "¿Quieren subirse a este sueño maravilloso?", se despidió.

 

TESTIMONIOS DE UNA TARDE AL SOL

 

Cómo se vivió la experiencia de participación colectiva.

 

PATRICIA SOSA

Cantante 

"La energía que mueve es muy fuerte y la alegría que da es tremenda. Te sacude, te levanta del piso. No hay religión, no hay política, nada más que reunirse por un mundo sin violencia"

CHRISTIAN LENNON

Trabaja en una consultora 

"Medito desde hace un tiempo, pero nunca había venido a un evento tan masivo como éste. Sé que hay personas que sienten una energía más fuerte al meditar con tanta gente, pero para mí no fue diferente"

CAROLA FANDIÑO

Trabaja en marketing 

"Vine con una amiga en bicicleta. Hago meditación cada tanto, pero no soy una experta. Es difícil concentrarse con tanta gente alrededor, pero me gustó mucho"

Del editor: qué significa. 

Un discurso capaz de atraer a semejante multitud es un hecho que no puede soslayarse: gratifica a sus seguidores y sorprende a los escépticos.